miércoles, 31 de enero de 2018
Cómo te quiero mujer !!
Cómo te quiero mujer !!
Te quiero tranquila,
deseo que dejes de cargar el mundo sobre tus hombros ...
Deseo que dejes de poner a todo el mundo por encima de ti, así sean tus padres, tus hijos, tus amigos o tus jefes.
Que dejes de comerte lo que sobra para que no vaya a la basura.
Necesito que entiendas que no podrás cambiar el mundo.
No podrás ayudar a todos los que te necesitan y estar para los que te aman, si no empiezas a amarte ....
Necesito que te ames como amas a todos los demás, que te vuelvas tu principal prioridad y que no te trates como opción ....
Que dejes de posponer el salón de belleza y de ofrecerte a tomar la foto para no salir en ella.
Yo te quiero tanto que podría sentarme a escucharte en un parque, en un banco. Ni el café me haría falta.
Yo no te quiero a dieta, ni delgada, ni loca de fitness ...... Te quiero sana, te quiero guapa, te quiero así, divina, pero con ganas de hacer las paces contigo.
Porque mirarte al espejo para ponerte guapa, no te hace menos mamá, menos tía, menos abuela, menos mujer, menos esposa o profesional.
Porque mientes al decir que nadie te mira, ¡te miras tú!!
Tú, tu primer, verdadero y leal amor.
Tú, tu juez más duro.
Tú, tu gran saboteador.
Tú, quien no se perdona.
Tú, ¡¡¡la persona más importante en tu vida!!!
Yo quiero que dediques un momento a hacer algo para ti, una lectura, un proyecto, una caminata, una visita, que te ayude a sacar lo dulce y enfrentar lo amargo, y verás que la palabra PERDÓN, cuando viene de una misma para consigo misma, es una gran bendición.
Crece una mujer independiente, sabia, ¡feliz!.
El mejor y único compromiso es amarse y respetarse a sí misma.
Te quiero así:
Grande, única y feliz.
Anónimo
lunes, 29 de enero de 2018
La Parábola del Caballo
Un cuento que te ayudará a entender que lo que digan o hagan los demás no debe hundirte ni humillarte, sino todo lo contrario, utiliza lo que los demás hagan o digan de ti para salir adelante y levantarte.
Un campesino que enfrentaba muchas dificultades poseía algunos caballos que lo ayudaban en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los mejores caballos había caído en un viejo pozo abandonado. Era muy profundo, y resultaría extremadamente difícil sacarlo de allí.
El campesino fue rápidamente al lugar del accidente y evaluó la situación, dándose cuenta de que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el costo del rescate, concluyó que no valía la pena, y pidió al capataz que sacrificara al caballo tirando tierra al pozo hasta enterrarlo. Y así se hizo.
A medida que la tierra le caía encima, el animal la sacudía. Esta se acumuló poco a poco en el fondo del pozo, permitiéndole subir. Los hombres se dieron cuenta de que el caballo no se dejaba enterrar sino que, al contrario, estaba subiendo, hasta que finalmente consiguió salir del socavón.
Si estás "allá abajo", sintiéndote poco valorado, y si los otros te lanzan la tierra de la incomprensión, del egoísmo o de la falta de apoyo, recuerda al caballo de esta historia. No aceptes la tierra que tiraron sobre ti, sacúdetela y sube sobre ella. Cuanta más tierra te lancen, más podrás subir.
martes, 16 de enero de 2018
Lo de "yo soy así y no voy a cambiar" es un cuento: la personalidad sí varía con los años
Lo de "yo soy así y no voy a cambiar" es un cuento: la personalidad sí varía con los años
Los expertos afirman que, si quiere, usted también puede modificar su carácter y dejar de hacer esas cosas que sacan de quicio al resto.
“Lo siento mucho pero, a estas alturas de mi vida, yo ya no voy a cambiar”.
Una frase comodín, repetida hasta la saciedad por personas impuntuales, desordenadas, infieles. Una excusa recurrente esgrimida por aquellos que hacen algo mal, pero que se refugian en su edad para desterrar cualquier intención de remediar sus faltas.
Porque si un amigo llega tarde o si un compañero de piso deja los calcetines sucios en medio del salón, pobrecitos, qué van a hacer ellos, no lo pueden evitar.
¿Que por qué no cambian? Porque no pueden, porque “son así”. Y punto. Pero de eso, nada.
Un estudio de la Universidad de Edimburgo (Escocia) ha constatado que la personalidad no es tan estable e inamovible como mucha gente piensa. Que la forma en la que cada uno se relaciona con su entorno y la manera en la que actúa en su contexto varía, y mucho, con el paso del tiempo. Para bien y para mal. Así que la excusa queda, ahora más que nunca, en entredicho.
Y este no es un estudio cualquiera. Está considerado el más largo de la historia, porque escribió sus primeras páginas en la Escocia de 1950, cuando un grupo de investigadores pidió a las maestras de una escuela que analizasen la personalidad de 1208 niños de 14 años. Los adolescentes contestaron cuestiones relacionadas con su confianza en sí mismos, su perseverancia, su conciencia, su originalidad, su ambición y sobre la estabilidad de sus cambios de humor. En 2012, 62 años después, el equipo de científicos del doctor Matthew Harris retomó los análisis y buscó a aquellos niños, convertidos en personas adultas, para repetir los test de personalidad. 174 de ellos, con el pelo hoy lleno de canas, se prestaron a la segunda vuelta.
¿El resultado? Sus niveles de autoconfianza, de perseverancia, originalidad y deseos de aprender no eran ni sombra de los que se constataron en su niñez.
En conclusión, la personalidad cambia, y mucho, con el paso de los años.
No es el primer estudio que llega a esta deducción, aunque sí el que abarca un periodo de tiempo mayor.
En 2013, científicos estadounidenses del Centro de Investigación de Oregón publicaron los resultados de un seguimiento de 40 años a 2.000 personas de Hawai.
Demostraron que la personalidad está sujeta a una serie de cambios a lo largo de la vida, sobre todo en la adolescencia y entrada en la madurez, aunque también en edades más avanzadas.
Pero, ¿qué es, exactamente, la personalidad?
La psicóloga experta en desarrollo personal Victoria Cadarso la define como “la forma en que pensamos, sentimos, nos comportamos e interpretamos la realidad, mostrando una tendencia de ese comportamiento a través del tiempo que nos permite afrontar la vida”. En definitiva, la manera de relacionarnos con nuestro entorno y con nosotros mismos. Y ahí entra todo.
Por eso es lógico pensar que, si nuestro entorno varía, nosotros lo hacemos con él.
Alberto López, psicólogo del Grupo Crece, alude a las teorías del investigador Erik Erikson para entender estos cambios vitales: “La teoría psicosocial establece ocho estadios que todos atravesamos en nuestro desarrollo, y es en el cambio entre esos estadios donde se nos plantean determinadas crisis que debemos superar, produciendo modificaciones en nosotros para poder superarlas”. Por eso, la necesidad de adaptarnos al medio es la fuente principal que genera esos cambios vitales.
Porque la personalidad, como afirma Raquel Ibáñez, también psicóloga del mismo grupo, “no puede concebirse como un concepto fijo, sino como un proceso consistente de cambio, siempre abierto a evolucionar y a generar cambios”. Así, aunque nuestras tendencias sean estables a lo largo de la vida, no son en absoluto inamovibles.
Cuestión de voluntad
Otra cosa es querer o no querer hacerlo. “Uno no puede cambiar si no toma conciencia de cómo es y muchos no tienen ningún interés en saber por qué son como son”, asegura Victoria Cadarso. Y sí, una persona introvertida difícilmente se volverá el alma de la fiesta por más que se lo proponga, pero siempre podrá “adquirir determinadas habilidades que le permitirán manejarse en situaciones sociales, mostrarse más asertivos y también más habladores”, explica Sara Ferro, del Grupo Crece.
Y lo mismo con la impuntualidad, la tendencia al desorden o la voluntad de ser fiel a la pareja, retomando los ejemplos del inicio.
El equipo de Harris deja demostrado que las personas cambian con el tiempo; que se vuelven más o menos perseverantes, más o menos seguras de sí mismas, más o menos emprendedoras. Entonces, ¿qué responder a aquellos que se muestran pétreos con —vaya cara— 40 o 45 años?
Para Victoria Cadarso, “no es que no puedas, es que no quieres cambiar, porque ese trabajo se te antoja demasiado pesado y pretendes mantener las mismas rutinas”. Por lo pronto, al que se niega a revisar sus tendencias poniendo esta excusa, puede contestarle: “No me cuentes historias, que a mí no me la das”.
Alejandro Tovar
9 de Marzo del 2017
Fuente : EL PAÍS
BUENA VIDA
sábado, 13 de enero de 2018
7 costumbres que siembran pobreza en nuestra mente
Nuestras costumbres influencian nuestro estado físico y emocional, además de programar nuestro comportamiento que acaba por definir nuestra vida. Hay hábitos de los que sería mejor olvidarse, evitar a como dé lugar. Algunos de ellos son los siguientes:
1. La costumbre de auto-compadecerse
Las raíces de la pobreza empiezan a crecer cuando la auto-compasión y brotan las quejas acerca de lo "miserable" de tu vida. No tienes la figura que deseas, no tienes los ingresos que querrías, la educación que recibiste no es la que necesitabas, tu casa no es como la de la revista, el clima de hoy no te agrada, el vendedor en la tienda no te escuchó como debía, y todo, absolutamente todo a tu alrededor puede ser un motivo para sentir lástima de ti mismo y quejarte de tu mala suerte.
Entre tanto, las personas que tienen la costumbre de auto-compadecerse van perdiendo la simpatía de quienes los rodean. Y es que claro nadie quiere compadecerse eternamente de alguien así, con una vida llena de malas noticias. Nadie espera nada de un hipocondríaco crónico, se sabe que lo único que puede hacer es gimotear y por eso tampoco es común que se lo invite a nada ni se le tenga en cuenta. Para alguien así es muy difícil entablar relaciones personales que a su vez son muy importantes para forjar una carrera y conseguir un trabajo interesante. Auto-compadecerse es la mejor manera de ganarse un sueldo miserable y tener una vida gris.
2. Costumbre de ahorrar en todo
Si en la tienda siempre vas en busca de la sección de rebajas, si piensas que les pagan más a tus colegas del trabajo aunque trabajen menos; si nunca le prestas nada a nadie, no dejas ni la más mínima propina a los camareros eso significa que la costumbre de la pobreza ya ha hecho nido en tí.
Los analistas dicen que intentar economizar en todo está lejos de ser signo de ahorro razonable y por el contrario es un síntoma de que la persona es incapaz de balancear sus gastos y sus ingresos.
3. Costumbre de medir todo en dinero
Sólo las personas en cuyas mentes crece la pobreza piensan que la única manera de ser feliz es tener un salario con gran cantidad de ceros y que no hay lugar para la alegría si no se tiene ropa cara, casa propia y un automóvil de alta gama. Los sociólogos aseguran que al responder a la pregunta ¿qué necesitas para ser feliz? sólo aquellos con una mentalidad de pobreza empiezan enumerando los bienes materiales, mientras que aquellos con un punto de vista mejor enfocado mencionan el amor y la amistad en primer lugar. Lo interesante es que este último tipo de personas rara vez hablan de cuentas bancarias porque piensan que la riqueza se mide en la capacidad de generar ingresos y tener visión. Una persona verdaderamente exitosa no depende del tamaño de su saco de oro.
4. Costumbre de entrar en pánico cuando el dinero se acaba.
Si con sólo pensar que se puede ser parte de la próxima oleada de despidos el pulso se acelera eso puede ser un síntoma de una mente programada para la pobreza. La verdad es que el dinero es un fluido que va y viene.
5. Costumbre de gastar más de lo que se gana
Si trabajas en dos lugares pero aún así no te alcanza el dinero es hora de cambiar algo en tu vida. Si una persona no logra entender en qué se diferencia un crédito de otro lo más probable es que nunca llegue a conocer la estabilidad económica.
6. Costumbre de hacer lo que no te gusta
¿Si no lo hago yo entonces quién lo hará?. Los psicólogos afirman que las personas cuyos empleos no les satisfacen están potencialmente programados para la pobreza y lo que podríamos llamar “mala suerte“. La razón está en los sentimientos que se despiertan en la persona al tener que ocuparse de asuntos que no le gustan. Para desterrar esa costumbre es necesario hacer no lo que alguien más necesita, sino lo que más nos produzca satisfacción. Sólo en ese caso es posible ver resultados ”milagrosos“. Ya dicen por ahí, si vas a ser zapatero, debes ser el mejor; y con razón, si te gusta lo más probable es que acabes teniendo una zapatería.
7. Costumbre de no tener una buena relación con las personas de tu familia.
Aunque podría parecer que tener malas relaciones con los miembros de tu familia no es algo tan grave en realidad eso genera una especie de “tabú” mental y un malestar que podría llegar a convertirse en odio. El odio se convierte en amargura y la amargura en pobreza mental, que a su vez no permite ningún tipo de cambio ni perdón.
miércoles, 10 de enero de 2018
jueves, 4 de enero de 2018
HICISTE LO MEJOR QUE PUDISTE
Hiciste lo mejor que pudiste.
Hiciste todo lo que podías haber hecho.
No tenías otra opción.
Teniendo en cuenta lo que creías en ese momento, los poderosos o sutiles sentimientos que se movían en ti, lo conectado que estabas con tu respiración, tu cuerpo, tu verdad, tu camino; lo arraigado que estabas en el momento presente, la claridad con la que veías o no; de acuerdo al dolor que sentías, a lo abiertas y crudas que estaban tus heridas; considerando la resistencia que sentías, lo estrecha o amplia que era tu perspectiva, lo atrapado que estabas en tu historia personal, no pudiste haber actuado o dicho nada de otra manera.
Hiciste lo mejor que pudiste, dado el nivel de consciencia desde el que estabas actuando.
¿Es esto una excusa? No. Más bien se trata de que asumas la plena responsabilidad de lo que pasó. Sin embargo, soltando la culpa, 'renunciando a la esperanza de un mejor pasado'.
¿Es esto una salida fácil? No. Más bien se trata de que te perdones a ti mismo. Soltando 'lo que pudo o debió haber sido', alineándote con 'lo que es', arraigándote en el ahora, el único lugar desde donde puede surgir el verdadero cambio, donde las nuevas respuestas pueden emerger, donde el sanar puede comenzar.
Laméntate por tu pasado, por supuesto.
Aprende tus lecciones, por supuesto.
Escucha cómo los demás comparten su dolor. Siente todo profundamente. Corrige todo lo que puedas. Pide perdón, si es necesario.
Pero, ni por un momento pienses que el pasado pudo haber sido diferente.
Ni por un instante creas que el Universo se ha equivocado.
Estás donde estás, Ahora. Este es un nuevo día, un nuevo comienzo.
Armado con una nueva visión, con una nueva perspectiva, con un corazón mucho más humilde y compasivo, con una actitud más curiosa, muévete hacia el futuro, arraigado en esta amorosa presencia, abierto a las posibilidades.
- Jeff Foster
martes, 2 de enero de 2018
Una bendición desde el Vaticano. Humor
Una señora caminaba por la calle del pueblo cuando se cruzó con el cura. El padre la mira, se acerca a ella y le dice:
- Muy buenos días, ¿no es usted la Sra. Rodríguez a quien casé hará unos cuatro años?
— Y ella contestó:
- Efectivamente padre, soy yo.
- ¿E hijos?, ¿ha tenido ya algún niño o alguna niña?
- Pues no padre, lo estamos intentando, pero aún no lo hemos tenido.
- Bueno, no se preocupe, la semana que viene voy a Roma, así que, si quiere, encenderé una vela por usted y su esposo.
— Y la mujer le contestó:
- ¡Oh padre!, muchas gracias, le estaremos muy agradecidos.
Y ambos siguieron su camino.
Años más tarde se encontraron nuevamente y el sacerdote le preguntó:
- Bueno señora, cuanto tiempo, ¿cómo se encuentra usted ahora?
- Muy bien, padre.
- Por favor, dígame, ¿han tenido niños ya?
- ¡Oh, sí padre!, tres pares de mellizos y dos criaturitas más, este año ya fueron dos... ¡En total tenemos cinco niñas y tres niños!
- ¡Bendito sea el señor!, ¡qué maravilla!, ¿y su esposo?, estará contento, ¿no?
Mi esposo lo que está... ¡¡es de camino a Roma, a ver si puede apagar la jodida vela de los cojones!!
Fuente: Salud y Humor
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