Transformación

Transformación

miércoles, 30 de marzo de 2016

ABRIR EL CORAZÓN AL AMOR.


ABRIR EL CORAZÓN AL AMOR
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
De todas las heridas espirituales superficiales o profundas que me fueron provocadas
me curará el Señor ... ¡si abro mi corazón a su amor!
¿Quien soy yo para juzgar a nadie y condenar y guardar rencor a los demás, si gratuitamente
Dios siempre me amó?
( VIERNES V Semana CUARESMA )
_______ . _______ . _______

Necesito abrir mi corazón al amor y no guardar rencor, resentimiento, ni odio, pues siempre
se cumplirá el plan de Dios ¡por muy pecadores que sean los hombres!
Porque si mi corazón se endurece como el pedernal, al tomar en mi mano las piedras del rencor
o del tomarme la justicia por mi mano (poniéndome en un plano de superioridad)
¡acabaría por lapidar a Jesucristo mismo!
¡Todo juicio paraliza la conversión!
¿Y luego, al reparar en mi error, me bastaría decirle "lo siento"? ¡No!
Solo podría hacer penitencia y suplicarle su perdón. Porque el daño se lo causaría en las
personas que son más vulnerables, especialmente más débiles, y enfermas (que viven esclavizadas
en el egoísmo)o que se encuentran en la más absoluta miseria moral, ciegas a la bondad de Dios
( evangelio )
¿Pero como es posible, Señor, que tú imagen, la imagen de Dios se encuentre también en ellas?..
¡Pues sí! ¡lo está! ¡aún sin dignidad!
"estaba desnudo, y me vestiste, ... en la cárcel, y me visitaste"
¿Y como te podrán reconocer y como te podrán encontrar si yo las crítico y condeno?
¡Si la vida me la diste para entregársela!
Por eso, TÚ ESTÁS CONMIGO como fuerte soldado y me proteges para que no me crea lo que no soy,
pues Tú eres mi fortaleza y mi fuerza salvadora
( 1 lectura )
Es más me haces ver como Dios utiliza el pecado, la maldad y hasta la perversión de los hombres
para hacer cosas buenas ¡y realizar su plan!
¿Pues acaso, Señor, tú así (permitiendo en mi vida la cruz) no me santificas y revelas tu amor
generoso y gratuito?. Pues me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo, y me alcanzaban los lazos de la muerte pues querían abatirme
y llevarme a formular juicios llenos de rencor
(Pero tú, como Cordero manso no abriste boca ante tus acusadores..¡Pero como!¿a mi no me hablas?
te decían extrañados en su poder)
Y yo en el peligro te invoqué a ti, Señor, como mi peña, mi refugio, mi escudo, mi roca, mi alcázar,
mi libertador (ahora Señor, que llega la hora de dar este testimonio de tu amor no me abandones)
y tú me escuchaste, me comunicaste tu gracia y me libraste de mis enemigos.
( Salmo )
¿Quién soy yo para juzgar a nadie por mucho daño que me hagan?
¿No me amaste tú gratuitamente y me dijiste "a quién te quite el manto déjale también la túnica"?
¿No me dijiste "no juzguéis, y no seréis juzgados, perdonad, y seréis perdonados"?
Pero con tanta maldad y perversión, con tanta usura y avaricia, con tanta violencia y opresión
¿como puede ser que se cumplan tus planes, Señor?
Y sin embargo, tú me libraste de caer en aquel odio y resentimiento, mostrándome tu amor gratuito
Por eso yo te amo, Señor, porque cuando te invoqué tú me escuchaste y diste vigor a mi alma y
libraste la vida de este pobre de las manos de los impíos.
( 1 lectura )
Tú, Señor, te sirves del mal para hacer el bien, y desde el misterio del mal del hombre,
tú eres capaz de fortalecer nuestros corazones en ti, en tu amor, en tu bondad, en tu misericordia
¿quién es como tú? ...
Y además, tú quieres, Señor, ayudarme a no tener mi corazón cerrado a tu espíritu, porque si tengo
el corazón de piedra, y entre las manos solo rencores, juicios, críticas, y condenas, es como tomar
piedras dispuesto a lanzarlas, y solo provocaré más muerte y destrucción.
¿No dijiste tú "Quien esté libre de pecado (creyéndose mejor y más justo) que tire la primera piedra"?
Sí, Señor, ayúdame tú a no caer es esta espiral de violencia y a abrir mi corazón al amor, ayúdame
a permanecer en ti, en la verdad, en la humildad, y a solidarizarme con las víctimas.
Y te diga con el espíritu de tu hijo Francisco ¡haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga yo perdón; donde haya discordia,
ponga yo unión; donde haya error, ponga yo verdad; donde haya duda, ponga yo fe; donde haya desesperación,
ponga yo esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo
alegría. Y no busque yo tanto ser consolado como consolar; ser comprendido, como comprender; ser
amado, como amar.
Porque dando, es como se recibe; olvidando, como se encuentra; perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.
Y ayúdame a ser yo mismo, por tu amor, una víctima que sabe unir mi destino, al suyo, al de tantos
hermanos y hermanas que han sido maltratados y atropellados.
Porque al final no triunfan los hombres por muy negativos y terribles que sean sus planes
¡al final triunfas tú! y eso me tranquiliza y consuela.
Porque tú nos das a todos libertad, y permites que nos equivoquemos ¡pero al final de la historia
triunfarás tú!
Porque tu Providencia es mucho más fuerte y poderosa ¡que hasta nuestra misma libertad!, y por eso
sé que tú me enseñarás a confiar siempre en ti, y amar (remitiendo toda justicia a Dios y abriendo
mi corazón a la esperanza) hasta que llegue la hora .. en que cumplirás totalmente tu designio.

S. FRANCISCO DE ASIS
JESÚS HIGUERAS ( 2015 )
FRANCISCO I ( 22 / 3 / 13 )

La Parábola del anillo.



Un día un sabio maestro recibió la visita de un joven que se dirigió a él para pedirle consejo:
— Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro sin mirarlo, le dijo:
— Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después… y haciendo una pausa agregó: — si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
— E… encantado, maestro— titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
—Bien— asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño y al dárselo al muchacho, agregó:
— Toma el caballo que está allá afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Ve y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas. El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, quienes lo miraban con algún interés.
Pero les bastaba el escuchar el precio del anillo; cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. Alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.
¡Cuánto hubiera deseado el joven tener esa moneda de oro! Podría entonces habérsela entregado él mismo al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Triste, subió a su caballo y volvió a donde el maestro se encontraba:
— Maestro -dijo- lo siento, no se puede conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera obtener dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
— Qué importante lo que has dicho, joven amigo —contestó sonriente el maestro—. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que
quisieras vender el anillo y pregúntale cuanto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joven volvió a cabalgar.
El joyero examinó el anillo a la luz del candil con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
— Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
— ¡58 MONEDAS! — exclamó el joven.
— Sí, -replicó el joyero— yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé… si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a la casa del maestro a contarle lo sucedido.
— Siéntate —dijo el maestro después de escucharlo— Tú eres como este anillo: Una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

(Encontrado en "Sonríe para vivir mejor")

lunes, 28 de marzo de 2016

La parábola del caballo.




Un cuento que te ayudará a entender que lo que digan o hagan los demás no debe hundirte ni humillarte, sino todo lo contrario, utiliza lo que los demás hagan o digan de ti para salir adelante y levantarte.

Un campesino que enfrentaba muchas dificultades poseía algunos caballos que lo ayudaban en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los mejores caballos había caído en un viejo pozo abandonado. Era muy profundo, y resultaría extremadamente difícil sacarlo de allí.

El campesino fue rápidamente al lugar del accidente y evaluó la situación, dándose cuenta de que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el costo del rescate, concluyó que no valía la pena, y pidió al capataz que sacrificara al caballo tirando tierra al pozo hasta enterrarlo. Y así se hizo.
A medida que la tierra le caía encima, el animal la sacudía. Esta se acumuló poco a poco en el fondo del pozo, permitiéndole subir. Los hombres se dieron cuenta de que el caballo no se dejaba enterrar sino que, al contrario, estaba subiendo, hasta que finalmente consiguió salir del socavón.

Si estás “allá abajo”, sintiéndote poco valorado, y si los otros te lanzan la tierra de la incomprensión, del egoísmo o de la falta de apoyo, recuerda al caballo de esta historia. No aceptes la tierra que tiraron sobre ti, sacúdela y sube sobre ella. Cuanta más tierra te lancen, más podrás subir.

viernes, 25 de marzo de 2016

Carta de una mujer en el día de la mujer trabajadora.





A raíz del día de la mujer trabajadora,una mujer escribió esta carta:
Que no, que no me felicites por ser mujer, que no estoy para fiestas.
Iguálame el salario, no me despidas estando embarazada o cuando te pida la reducción de jornada.
Respeta mis decisiones, mi NO es NO.
No quiero tus piropos, aunque pienses que me halagan.
No quiero volver a casa de noche con el móvil en la mano "por si acaso".
Deja de hacer bromas machistas con tu pandilla de amigotes, no son graciosas, no llevan a ningún lado.
No me cosifiques, no soy un culo y dos tetas. Y no, la cantidad de ropa que lleve encima no te da derecho a decirme ni hacerme nada.
Responsabilízate de la crianza, de las tareas de casa, de la compra, las vacunas, las reuniones del cole.
Educa a tus hijos en el respeto para que yo no tenga que enseñar a mis hijas a defenderse.
Yo no soy "hija de, madre de, esposa de".
Lucha conmigo por mis derechos para que este día deje de existir y entonces felicítame, porque ese día será un gran día para todos.
Ese día si será una fiesta.

jueves, 24 de marzo de 2016

Lo que quiero de ti.

Viva la vida|Coldplay|interpreta-David Garret

Una mujer "de cierta edad" ..



Dicen que a cierta edad las mujeres nos hacemos invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la vida declina y que nos volvemos inexistentes para un mundo en el que solo cabe el ímpetu de los años jóvenes.....
Yo no sé si me habré vuelto invisible para el mundo, es muy probable, pero nunca fui tan consciente de mi existencia como ahora, nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfruté tanto de cada momento de mi existencia.....
Descubrí que no soy una princesa de cuento de hadas, descubrí al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y sus grandezas.....
Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de tener debilidades, de equivocarme, de hacer cosas indebidas, de no responder a las expectativas de los demás. Y a pesar de ello quererme.....
Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui, sonrió a la que soy. Me alegro del camino andado, asumo mis contradicciones. Siento que debo saludar a la joven que fui con cariño, pero dejarla a un lado porque ahora me estorba. Su mundo de ilusiones y fantasías, ya no me interesa.....
¡Que bien vivir sin poner el listón tan alto!
¡Que bien no sentir ese desasosiego permanente que produce correr tras los sueños!....
Ahora soy más consciente de mi existencia, me acepto tal como soy, y soy más feliz.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Los Cuatro Vientos dentro ..




Todos tendemos a lamer nuestras heridas; a llevar a lo más dentro de nuestro corazón aquello que nos daña, ya sea un amor mal correspondido, el despecho, la rabia o el dolor. Atesoramos nuestro sufrimiento de tal manera que vivimos nuestras vidas aferrados a la desdicha. Curiosamente parte del sufrimiento del ser humano se debe al miedo que tiene a la pérdida, ya sea a la muerte o al desapego, ni hablar del pánico que nos da dejar fuera de nosotros la angustia (el pilar más grande del estado actual de las cosas, dentro y fuera de nosotros)
¿Qué pasaría si nos libráramos de esa carga emocional? Que pasaría si dejáramos fluir nuestra ansiedad y el recuerdo de aquellos que la producen?
Aun cuando hay dos formas naturales de “curarse” y ambas han sido usadas por hombres y mujeres desde épocas inmemoriales, yo prefiero la cura con el viento (aunque les contaré las dos)
No se necesita nada más que las ganas de despojarse de la podredumbre interior.. ¿quieres dejar de sufrir?.. deja de hacerlo!!, simple voluntad!!.
En la mayoría de los casos uno es incapaz de cambiar a las personas o las situaciones que te ponen mal; uno no puede forzar las cosas o imponerse sobre la voluntad de otros o el simple destino, pero lo que si puedes hacer es cambiar la perspectiva desde donde se miran las cosas.
Sube a la silla y cuando estés allí, fuera de tu campo de visión habitual, de tu ensimismamiento y dejes de mirar-sentir desde tu ego herido, solo basta dejarse abrazar por el viento; puedes hablar con él o simplemente dejar que se lleve todo aquello que ya no deseas en tu vida, tu cuerpo sabrá lo que debe hacer pues la cura de los “males modernos” viene en tu memoria genética, lo demás es cosa del viento.


La otra cura es con la tierra, pies descalzos y ambas manos metidas en ella; cuando tus manos estén completamente cubiertas entrégale a la tierra lo que ya no quieres tener dentro de ti.
La naturaleza siempre ocupó un lugar primordial y sagrado para las culturas ancestrales. Prefiero bañarme de viento que consumir un antidepresivo porque no se trata de dormir las emociones negativas sino de dejarlas ir…
Decía Don Juan Matus que las mujeres somos vientos y así como hay cuatro vientos (norte, sur, este y oeste) somos cuatro tipos de mujeres.
Yo digo que somos Mujeres que llevamos los Cuatro Vientos dentro …

(Encontrado en el blog "Tu recuerdo está en mi")