miércoles, 30 de marzo de 2016
ABRIR EL CORAZÓN AL AMOR.
ABRIR EL CORAZÓN AL AMOR
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De todas las heridas espirituales superficiales o profundas que me fueron provocadas
me curará el Señor ... ¡si abro mi corazón a su amor!
¿Quien soy yo para juzgar a nadie y condenar y guardar rencor a los demás, si gratuitamente
Dios siempre me amó?
( VIERNES V Semana CUARESMA )
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Necesito abrir mi corazón al amor y no guardar rencor, resentimiento, ni odio, pues siempre
se cumplirá el plan de Dios ¡por muy pecadores que sean los hombres!
Porque si mi corazón se endurece como el pedernal, al tomar en mi mano las piedras del rencor
o del tomarme la justicia por mi mano (poniéndome en un plano de superioridad)
¡acabaría por lapidar a Jesucristo mismo!
¡Todo juicio paraliza la conversión!
¿Y luego, al reparar en mi error, me bastaría decirle "lo siento"? ¡No!
Solo podría hacer penitencia y suplicarle su perdón. Porque el daño se lo causaría en las
personas que son más vulnerables, especialmente más débiles, y enfermas (que viven esclavizadas
en el egoísmo)o que se encuentran en la más absoluta miseria moral, ciegas a la bondad de Dios
( evangelio )
¿Pero como es posible, Señor, que tú imagen, la imagen de Dios se encuentre también en ellas?..
¡Pues sí! ¡lo está! ¡aún sin dignidad!
"estaba desnudo, y me vestiste, ... en la cárcel, y me visitaste"
¿Y como te podrán reconocer y como te podrán encontrar si yo las crítico y condeno?
¡Si la vida me la diste para entregársela!
Por eso, TÚ ESTÁS CONMIGO como fuerte soldado y me proteges para que no me crea lo que no soy,
pues Tú eres mi fortaleza y mi fuerza salvadora
( 1 lectura )
Es más me haces ver como Dios utiliza el pecado, la maldad y hasta la perversión de los hombres
para hacer cosas buenas ¡y realizar su plan!
¿Pues acaso, Señor, tú así (permitiendo en mi vida la cruz) no me santificas y revelas tu amor
generoso y gratuito?. Pues me cercaban olas mortales, torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo, y me alcanzaban los lazos de la muerte pues querían abatirme
y llevarme a formular juicios llenos de rencor
(Pero tú, como Cordero manso no abriste boca ante tus acusadores..¡Pero como!¿a mi no me hablas?
te decían extrañados en su poder)
Y yo en el peligro te invoqué a ti, Señor, como mi peña, mi refugio, mi escudo, mi roca, mi alcázar,
mi libertador (ahora Señor, que llega la hora de dar este testimonio de tu amor no me abandones)
y tú me escuchaste, me comunicaste tu gracia y me libraste de mis enemigos.
( Salmo )
¿Quién soy yo para juzgar a nadie por mucho daño que me hagan?
¿No me amaste tú gratuitamente y me dijiste "a quién te quite el manto déjale también la túnica"?
¿No me dijiste "no juzguéis, y no seréis juzgados, perdonad, y seréis perdonados"?
Pero con tanta maldad y perversión, con tanta usura y avaricia, con tanta violencia y opresión
¿como puede ser que se cumplan tus planes, Señor?
Y sin embargo, tú me libraste de caer en aquel odio y resentimiento, mostrándome tu amor gratuito
Por eso yo te amo, Señor, porque cuando te invoqué tú me escuchaste y diste vigor a mi alma y
libraste la vida de este pobre de las manos de los impíos.
( 1 lectura )
Tú, Señor, te sirves del mal para hacer el bien, y desde el misterio del mal del hombre,
tú eres capaz de fortalecer nuestros corazones en ti, en tu amor, en tu bondad, en tu misericordia
¿quién es como tú? ...
Y además, tú quieres, Señor, ayudarme a no tener mi corazón cerrado a tu espíritu, porque si tengo
el corazón de piedra, y entre las manos solo rencores, juicios, críticas, y condenas, es como tomar
piedras dispuesto a lanzarlas, y solo provocaré más muerte y destrucción.
¿No dijiste tú "Quien esté libre de pecado (creyéndose mejor y más justo) que tire la primera piedra"?
Sí, Señor, ayúdame tú a no caer es esta espiral de violencia y a abrir mi corazón al amor, ayúdame
a permanecer en ti, en la verdad, en la humildad, y a solidarizarme con las víctimas.
Y te diga con el espíritu de tu hijo Francisco ¡haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga yo perdón; donde haya discordia,
ponga yo unión; donde haya error, ponga yo verdad; donde haya duda, ponga yo fe; donde haya desesperación,
ponga yo esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo
alegría. Y no busque yo tanto ser consolado como consolar; ser comprendido, como comprender; ser
amado, como amar.
Porque dando, es como se recibe; olvidando, como se encuentra; perdonando, como se es perdonado;
muriendo, como se resucita a la vida eterna.
Y ayúdame a ser yo mismo, por tu amor, una víctima que sabe unir mi destino, al suyo, al de tantos
hermanos y hermanas que han sido maltratados y atropellados.
Porque al final no triunfan los hombres por muy negativos y terribles que sean sus planes
¡al final triunfas tú! y eso me tranquiliza y consuela.
Porque tú nos das a todos libertad, y permites que nos equivoquemos ¡pero al final de la historia
triunfarás tú!
Porque tu Providencia es mucho más fuerte y poderosa ¡que hasta nuestra misma libertad!, y por eso
sé que tú me enseñarás a confiar siempre en ti, y amar (remitiendo toda justicia a Dios y abriendo
mi corazón a la esperanza) hasta que llegue la hora .. en que cumplirás totalmente tu designio.
S. FRANCISCO DE ASIS
JESÚS HIGUERAS ( 2015 )
FRANCISCO I ( 22 / 3 / 13 )
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