Transformación

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lunes, 18 de noviembre de 2019

El camino del dolor y el del sufrimiento.


Dos madres perdieron a sus hijos en el mismo accidente de automóvil. Ambas sufrieron un dolor indecible. Una de ellas, al cabo de un tiempo, recuperó la alegría y sintió la gratitud por el tiempo que había podido disfrutar de su hijo. A medida que iba aceptando su muerte, su corazón se llenaba de ternura y dulzura hacia este hijo y hacia la vida. Cuando hablaba de él ya no lo hacía con pena, sino con la delicadeza y el tono entrañable que usamos para alguien que ha sido una bendición en nuestra vida.
La segunda madre, aún después de 10 años del fallecimiento, acudía sin falta al cementerio todos los días, en una especie de ritual que la llevaba a sentirse más cerca de su hijo. En verdad se resistía a soltarlo y despedirlo, y ella misma se sentía más cerca de la muerte que de la vida. Cuando estaba con gente todavía necesitaba compadecerse por su horrible pérdida y hablar de su vía crucis interminable, con lo cual los demás se iban sintiendo paulatinamente más incómodos y se alejaban de ella. Hacía pivotar toda su vida alrededor de la muerte de su hijo. Y ni siquiera a sus otros hijos o a su pareja les dedicaba la atención que merecían.
Este ejemplo de las dos madres ilustra a la vez el camino del dolor y el camino del sufrimiento. Vemos que quién logra integrar lo difícil, atravesar sus duelos, enriquece la vida. Al revés, quién se queda anclado en sus gemidos, se mira tanto a sí mismo que sus ojos ya no pueden contemplar a los demás ni a la realidad circundante.
A todos nos golpea la vida de alguna manera, nos zarandea sin contemplaciones en algún momento. Pero la pregunta clave sigue siendo ¿qué actitud vamos a tomar?¿dónde haremos desembocar el duelo terrible que nos hinchó de furia y desconsuelo?

Juan Garriga Bacardi

Del libro *Vivir en el alma*






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